La calidad del aire se mide en función de su temperatura y humedad y por la concentración de partículas y contaminantes gaseosos. Los efectos nocivos en la salud debidos a una mala calidad de aire ambiente, documentados en los locales escolares, van desde una simple molestia e irritación respiratoria a enfermedades agudas o crónicas. Mientras la comodidad de las aulas esté bajo control y ningún agente contaminante esté presente en exceso, se producirá una mejora en el entorno pedagógico.
En un día clásico de colegio, 12 millones de personas, es decir, una quinta parte de la población, se encuentra en un edificio escolar. Al proporcionar una calidad de aire ambiente adecuada podemos:
- Reducir el absentismo de los estudiantes y del personal.
- Minimizar el deterioro de los edificios y mejorar la eficacia energética.
- Reducir las necesidades de ventilación del aire exterior.
- Prevenir ambientes de trabajo tensos que resultan de una mala calidad del aire ambiente.
- Reducir las deudas.
- Sobre todo, proteger nuestra inversión en el futuro.


