Contaminantes moleculares

En cuanto a daños causados a las obras, podemos dividir los contaminantes moleculares en dos categorías:
1. los que poseen propiedades ácidas
2. los que poseen propiedades oxidantes
Los ácidos deterioran los materiales como los metales y el mármol por corrosión. El resto de materiales que podrían resultar dañados son el cuero, la lana, la seda, el papel, las fotografías, etc. Los principales gases oxidantes son el ozono, el ácido nítrico y otros compuestos oxigenados o nitrogenados. Principalmente, estos gases causan daños a materiales orgánicos y sus efectos pueden compararse a los de un envejecimiento prematuro. Los cambios visuales típicos de la oxidación son el amarilleo propio de la oxidación, la pulverización, la decoloración y el empañamiento de los metales.
Los contaminantes moleculares se caracterizan por la concentración de sustancias químicas solas o por la asociación de sustancias químicas.
La solución a los contaminantes moleculares
La filtración molecular es un método rentable de control de contaminantes nocivos que asegura condiciones de almacenaje y exposición seguras. Existen diferentes soluciones en función de los tipos y de la concentración de contaminantes gaseosos, el tipo de obra que se deba proteger y la disposición del sistema de ventilación.
La filtración molecular se aplica tanto a los grupos de tratamiento de aire nuevo como a los grupos de tratamiento de aire reciclado. Las soluciones para las aplicaciones relativas al aire nuevo deben tener en cuenta las elevadas concentraciones externas y un funcionamiento de un único paso. Las soluciones para las aplicaciones relativas al aire reciclado deben tener en cuenta las concentraciones ambientales más débiles y un funcionamiento de paso múltiple.
Partículas contaminantes
Las partículas contaminantes proceden de fuentes diversas como los procesos de combustión (combustión industrial, producción eléctrica, humo de escape de los vehículos o humo de tabaco), el roce de los neumáticos sobre la carretera, las actividades de construcción y los seres humanos. Las partículas pesadas que contienen metales son abrasivas y pueden posarse sobre las superficies, causando así arañazos. Las partículas más pequeñas pueden quedarse en suspensión y ser transportadas por los flujos de aire hasta los rincones más pequeños de una sala o vitrina. Una vez allí, el depósito sobre la superficie formará un cúmulo de suciedad o causará decoloración.
Muchas partículas, y en particular aquellas que proceden de una combustión, son de naturaleza carbonosa o aceitosa y tienen propiedades ácidas. Estas partículas son especialmente dañinas ya que son pegajosas y capaces de corroer numerosos materiales.
Las partículas procedentes de las canteras (hormigón) tienen propiedades alcalinas y abrasivas y pueden dañar las pinturas y las fibras textiles.
La solución a las partículas contaminantes
Para una conservación eficaz, las obras deben estar protegidas de las pequeñas partículas agresivas. Estas últimas, normalmente de naturaleza ácida, proceden de una combustión y su tamaño es inferior a la micra. Por consiguiente, deben poder utilizarse filtros moleculares junto con filtros de partículas de gran eficacia. Según la norma EN 779:2002, es necesario utilizar un filtro final de la clase F9. Del mismo modo, es conveniente garantizar una eficacia elevada del filtro durante toda su vida útil. Cf. "Eficacia de descarga" de los protocolos EN 779:2002. Observación: la penetración de partículas finas a través de un filtro de clase F9 representa menos de la mitad de la penetración a través de un filtro de clase F7.



